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Por Ginna Morelo, directora de Entre Ríos Museo

El río Sinú baña de colores cada espacio. A lo largo de sus 415 kilómetros dibuja curvas en la tierra como una serpiente de agua que lleva en sus entrañas los colores, las memorias y los cantos de Córdoba, en el Caribe colombiano. Nace en el bosque húmedo tropical llamado Paramillo. Como quien conoce los secretos del territorio, atraviesa la región de sur a norte, fecundando paisajes, enlazando pueblos y sembrando cultura en sus orillas. A su cauce se abrazan los ríos Manso, Verde, Esmeralda y Naím, junto con las quebradas Urrá, Tay y Jui, afluentes que, como venas de un mismo cuerpo, recorren una cuenca de 13.700 kilómetros cuadrados.

Daniel Morelo, artista e ingeniero, has visto cómo se asoma el río en Montería, el lugar donde nacimos, y en Lorica, pueblo vecino, donde se confunde con la Ciénaga Grande. Tus ojos no han ido más allá, a la desembocadura en Boca Tinajones, mar Caribe, ni al Alto Sinú ni al nacimiento en el Cerro Morros, en el Paramillo. Comenzaste a adentrarte en sus profundidades llevado por mis relatos recogidos durante varias expediciones a por lo menos 290 kilómetros cuadrados desde la desembocadura río arriba. Aun no llego a las montañas filosas de Ituango, donde el hilo de vida comienza. Sueño con ello.

Te he compartido las historias de Pedro Hernández, descendiente de los primeros colonos caribeños que llegaron provenientes de Cartagena a la cuenca alta del Sinú y de Rógeres Higuita, cuyos padres se asentaron en la subregión denominada Llanos del Tigre o región del Manso. Ellos me han hablado de los bosques de escorrentía, de ciénaga y de selva natural, que se conjugan en los Llanos del Tigre y en el Manso. Pocos colonos han logrado quedarse, contados investigadores, biólogos y ecólogos, han penetrado esas alturas, ya que tristemente grupos armados se han enseñoreado en el territorio.

Te conté, hermano, que en la cumbre de un mundo de ponchos el río derrama transparencia, y las riberas y sus afluentes se visten de helechos gigantescos verde selva, de cedros paridos de flores caoba, de cauchos sabaneros con frutos rojizos y bongas con raíces milenarias que sirven de recibidor en las casas indígenas de patas largas. También te compartí el respeto místico que tiene la etnia Embera Katío con Keradó, como en su lengua llaman al río Sinú, que en su mitología nació del tronco del árbol sagrado y gigante, Jenené (especie Caryocar amygdaliferum). Y te relaté con asombro y saudade las vivencias de Ofelia Pérez y Nicanor Aleán, abuelos octogenarios que habitan Caño Grande, muy cerca de la desembocadura, donde el pueblo indígena Zenú, de donde venimos, desarrolló un proyecto de riego milenario que desde las alturas simula una espina de pescado.

Nuestro abuelo Esteban Morelo, el carpintero liberal que hacía canoas o carrocerías de chivas (buses típicos), a quien no alcanzaste a conocer, me enseñó a amar al Sinú. Desde entonces intento describir en algunos relatos ese río misterioso sobre el que escribió en 1875 el francés Luis Strifler, director del primer establecimiento para la extracción de oro en el Río Sinú.

Ese mismo interés habita tu mente Daniel Morelo, y por eso quisiste saber más sobre la investigación que publicó el profesor de la Universidad de Córdoba, Alberto Alzate, sobre los impactos sociales de la hidroeléctrica de Urrá en el río Sinú, o sobre la expedición que en 1993 hizo Luis Carlos Raciny, también profesor de la de Córdoba, junto a otros tres investigadores. De ahí viene esa cocreación que bautizamos Entre Ríos Museo. También revisaste el libro Biodiversidad Asociada a los Sectores Manso y Tigre del Parque Nacional Natural Paramillo, publicado en 2016 por Parques Nacionales Naturales de Colombia, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible y la Pontificia Universidad Javeriana, el cual documenta la riqueza biológica en las zonas de bosque húmedo tropical de la Serranía de San Jerónimo y la cuenca alta del río Sinú.

Un buen día, movido por la loca de la cabeza, la imaginación, comenzaste a pintar virtualmente al Sinú. Lograste consolidar dieciséis obras y para mi sorpresa me confirmaste que las hiciste con lo que otros hemos visto; con las fotos de gente que ha llegado hasta lugares impensados, como las de los fotógrafos Rodrigo Villarzú (Santiago 1968) y Diego Pérez (Medellín 198 ), entre muchas otras. Recabaste en videos, artículos cómo es de verdad un puma, un jaguar, cómo es la la flora de la cuenca.

Hoy nos presentas “Sinú imaginado” diciendo que “la luz de cada creación artística viene siempre del río arriba —ese que no conoces pero creas—. La gente sale pequeña y de espaldas, ocupada en lo suyo, porque allá la vida sigue sin nosotros. Ojalá quien las mire se quede con ganas de ir.

Sobre el artista

Daniel Morelo es artista e ingeniero. Hace más de quince años se mueve entre la pintura, el diseño y la tecnología, siempre con la misma pregunta: cómo convertir algo complejo en algo que se pueda mirar, entender y sentir. De la pintura aprendió a observar de cerca y a confiar en la textura, la luz y el silencio.

Dirige creativamente EntreRíosMuseo, un proyecto de seis exposiciones virtuales nominado al Premio Gabo 2022 en la categoría Imagen, y es profesor de cátedra en la Pontificia Universidad Javeriana. Trabaja también con inteligencia artificial y arte generativo.

Sinú imaginado

Por Daniel Morelo

Soy de Montería, Córdoba, Colombia, y nunca he llegado al nacimiento del Sinú, el río que atraviesa mi departamento.

Estas dieciséis obras suben por el río desde su desembocadura hasta su nacimiento. Las hice a partir de lo que otros sí vieron: fotografías de personas que han logrado llegar hasta allá, videos y algunos artículos. Lo demás lo imaginé. Algunos títulos nombran lugares de la cuenca del río que no están en sus orillas; los pinté desde el agua, porque el Sinú pasa por todos ellos.

Allá, la vida sigue sin nosotros. Ojalá quien mire estas obras se quede con ganas de ir.

Impasto digital con arte generativo · 2026

01 · Tinajones

En la Boca de Tinajones el Sinú desemboca en el mar. Unas cuantas aves regresan a las palmas de coco, a contraluz, cada una a su casa.

02 · Lance

El lance es el lanzamiento de una red. La atarraya, una red redonda, se lanza sobre el agua y se abre en el aire. Se ve a través de los ojos del pescador, con el río al otro lado de la malla.

03 · Subienda

La subienda es la época en que los peces suben por el río. Cientos de bocachicos plateados nadan juntos hacia la luz, vistos desde la orilla. Algunos pescadores dicen que hoy la subienda es una utopía.

04 · Playón

El playón es el banco de arena que aparece cuando baja el agua. Una garza se detiene en él y mira río arriba, como nosotros.

05 · Arrimar

Arrimar es acercar la canoa a la orilla. Un hombre arrima la suya mientras se va la luz. Lo logró.

06 · Bonga

En la costa Caribe, a la ceiba también se le llama bonga. Esta es enorme, de raíces anchas y con plantas colgando de sus ramas. Su copa se ilumina; desde abajo, parece que nos llama.

07 · Acicalao

Barranquillo es otro nombre del barranquero, el momoto, el ave cuya cola termina en dos paletas. Este está acicalao, arreglándose las plumas en una rama al caer la tarde, sin saber que lo observan.

08 · Asoliá

Así dice la gente de la costa Caribe «asoleada», y así se escribió. Una tortuga de río se asolea sobre un tronco en mitad del agua. Quedan pocas de su especie.

09 · El Diamante

El Diamante es una vereda de Tierralta, en las montañas del Alto Sinú, donde se ha documentado la presencia del puma. Este se yergue sobre las rocas junto a una cascada, con la espalda iluminada por un rayo de sol de la mañana. Cruza un río que no podemos remontar.

10 · Keradó

Así llama el pueblo Emberá Katío del Alto Sinú al río. En uno de sus mitos, el agua brotó del Jenené, un árbol gigante, y de sus ramas nacieron los ríos. Aquí se ve desde arriba: se ramifica por la selva y se pierde en la neblina. Para verlo así hay que pedir prestados unos ojos.

11 · Murrucucú

El Murrucucú es el cerro de Tierralta donde empieza una de las leyendas del río. De allí viene la voz de un mono aullador, entre ramas y neblina: se oye antes de verse.

12 · Esmeralda

Esmeralda es un afluente del Sinú y también un nombre de mujer. Ella está de espaldas, con un racimo de plátanos al hombro, mirando el río. Nadie conoce mejor ese lugar.

13 · El Manso

El Manso es uno de los ríos que bajan del Paramillo hacia el Sinú. Corre por un túnel de selva, entre rocas y rápidos, y a lo lejos la neblina se traga la luz. Hay un camino. Solo que todavía no podemos seguirlo.

14 · Guachimán

Guachimán, del inglés watchman, significa el vigilante. Este guachimán es un jaguar que baja a beber de noche, bajo raíces colgantes, y nos mira de frente. Las ondas de su hocico llegan hasta nosotros. Sabe que estamos aquí.

15 · Paramillo

El río nace más arriba, en el Cerro de Tres Morros, en el Nudo de Paramillo. Hasta aquí alcanza la vista: a ras del agua, entre dos muros de selva, y donde debería haber cielo hay neblina. En el reflejo, la selva de la derecha se abre hacia la luz; arriba, el muro permanece cerrado.

16 · Sereno

El sereno es la humedad de la noche; quedarse al sereno es pasar la noche a la intemperie. La lluvia cae sobre el río y la luna abre un camino de luz en el agua. En una hoja se posa una ranita, casi una silueta. Alguien canta allá afuera, y no es para nosotros.